Laura Izquierdo

LAURA IZQUIERDO
12 años, estudiante, quizás futura periodista



Con la linterna en la mano derecha y la mano izquierda sobre mi pecho, me aventuré a bajar las viejas y horribles escaleras que había frente a mí.

No aguantaba más, tenía que saber cual era el origen de los ruidos que se oían desde mi habitación.

Bajé el primer escalón y noté como mi pulso se aceleró. Lo que vi, cuando llegué abajo, me sorprendió. Una sala completamente vacía y muy oscura con cadenas colgando del techo y de las paredes por las que caía sangre. Me atreví a tocar una. En ese instante, se empezaron a oír gritos y lamentos, pero también risas, que salían de la cadena más ensangrentada. Justo encima de esa cadena había una inscripción:

 

“Los pecadores siempre acaban aquí”

 

Al darme la vuelta hubo algo que me inquietó enormemente. Había un muro de piedra que me impedía salir. De pronto, delante de mí, apareció una puerta. Sin pensármelo dos veces la abrí y la crucé. Al ver los mares de fuego y la lluvia de ceniza comprendí lo que había pasado al bajar las escaleras… ¡Había abierto las puertas del Infierno!