
JESÚS LARRAONDO PÉREZ
Aprendiz de escritor y pintor gracias al tiempo que me ha concedido RTVE, donde fui cámara de cine e iluminador durante unos cuantos años.
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El sol, como cada tarde, se pone por el horizonte, su luz anaranjada va tiñendo de ámbar los campos y las casas bajas que rodean la iglesia que con su gran torre forman las pequeñas aldeas de Castilla. Los pájaros entonan los últimos trinos del día antes de cobijarse en sus nidos para pasar la fresca noche de primavera. El silencio, poco a poco, va reinando en el ambiente y la luna se asoma tímidamente en el firmamento.
En el salón, apenas iluminado por el rescoldo de la leña que lentamente se consume en el fogón, observo, sentado frente al balcón en la butaca de piel con gruesos reposabrazos y grandes orejeras que me envuelven, como se apaga el día para permitir a la noche deslumbrarnos con su cielo lleno de estrellas.
Mi esperanza ante el magnífico panorama del ocaso es volver a ver el grandioso espectáculo del amanecer.
Sumido en un profundo sueño descubro que mi vida sin esperanza no tiene ningún sentido. Pienso en lo impresionante que es ver aparecer en la lontananza la gran bola de fuego, pero, ¿de qué me sirve contemplarlo sin esperanza de poder disfrutar del resto de los minutos del día? ¿Para qué quiero despertar sin esperanza?
Continúo en mi sillón observando la lenta ascensión del Sol en el cielo de color azul y me asombro de ver cómo pasa el tiempo sin darme cuenta. Intento retener “el ahora” y no lo consigo, porque ese instante ya ha pasado y por mucho que pretenda permanecer en él nunca lo lograré.
Esperanza es lo más importante que puedo tener, esperanza en el momento inmediatamente posterior, esperanza en el transcurso del día, esperanza durante el resto de vida que me quede.
Esperanza en un futuro para que todos los seres venideros puedan sentir la misma esperanza que siento yo ahora y de esta forma conseguir un mundo lleno de amor y felicidad.
Por todo, gracias esperanza.
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