
TIRMA AYERBE Actriz e historiadora del arte. Amante de la literatura, del buen cine y de todo lo que sea expresar... Mezcla de canaria y vasca, estudié en francés, actúe en alemán y vivo en Madrid. Mi mestizaje me ha enseñado a abrir fronteras: viajar, crear y sobre todo escuchar… Cada rincón guarda una sorpresa. |
Como cada mañana, María se miraba en el espejo tratando de encontrar un motivo para seguir a su lado. Escudriñaba ante él las huellas de amor que el dolor estaba borrando poco a poco de su cara. Buscaba en el reflejo la mirada oculta de su alma que se estaba rompiendo en mil pedazos.
Después, cogía el botiquín y se curaba las heridas que su compañero le había hecho. Limpiaba cuidadosamente las marcas que la noche había dejado. Luego, despertaba al pequeño Bob y lo acompañaba a la parada del autobús.
Una mañana, cuando se disponía a entrar en la habitación de Bob, María encontró en el suelo una foto suya de apenas hacía dos años. Nunca supo como llegó allí, pero ese segundo fue crucial.
Hacía tiempo que había optado por no mirar sus fotos para evitar deprimirse. Pero esta vez la foto vino a buscarla.
María se paró en seco y un enorme silencio se apodero de ella. Recogió la imagen y entró sigilosamente en el cuarto de Bob. Lo vistió y le acompañó a la parada del autobús. Volvió a casa, hizo la maleta del pequeño Bob y la suya, y se marchó.
Bob no sabía que sería su último día con los mismos compañeros de colegio.
Salió al recreó y no regresó.
María lo esperaba para llevarlo lejos.
María sólo cogió lo imprescindible. No quería recuerdos, ni buenos, ni malos. Solo deseaba volver a empezar, coger el coche y partir... en busca de una nueva cara reflejada en el espejo de algún lugar..
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