Isaura Sarriá

ISAURA SARRÍA
Mujer blanca, estudiante (porque el saber ocupa un lugar importantísimo), cocinera antes que monja de clausura, nacida a mediados del siglo pasado, pero de muy buen ver.



En los tejados de Madrid viven centenares de gatos que campan a sus anchas entre antenas parabólicas, chimeneas y aparatos de aire acondicionado, pero Antonio es un gato muy especial, rubio y de aspecto atigrado. Tiene su casa en un ático precioso ubicado en una de las mejores zonas de Madrid, el barrio de Chueca.

Su terraza, que es la envidia del barrio, está decorada con un gusto exquisito, un balancín de hierro forjado pintado de blanco, sobre el que se ha colocado una gran colchoneta de rayas azules y blancas, dos tumbonas de mimbre para tomar el sol, una mesa de cristal con cuatro sillas de madera de teca, en la que organiza muchas tardes timbas de poker con sus amigos del barrio de La Latina.

Macetas de terracota de todos los tamaños cubren el suelo y las barandillas, a la espera de que un alma caritativa decida algún día plantar alguna margarita, geranio, o parra silvestre, pero hace años que Antonio se ha resignado a vivir sin flores… ¡Quel dommage!, que diría su amigo François, un gato muy elegante que llegó del barrio parisino del Marais un día de agosto del año pasado. Hasta sus oídos había llegado que en casa de Antonio se estaba muy bien y sería bien recibido. Allí, en verano se está muy fresquito a la sombra del toldo del balancín, se escucha muy buena música y con la manguera, que en su día debió usarse para regar las plantas, hoy inexistentes, podrían refrescarse.

Se han hecho grandes amigos y juntos recorren los tejados en busca de restaurantes exquisitos donde los cubos de basura brillan como espejos y contienen todo tipo de delicatessen. Los canapés de queso roquefort con rúcula y piñones son los favoritos de François y Antonio se ha aficionado últimamente a los de espuma de sardina sobre un lecho de tomatitos cherry fileteados. A veces van a los locales de moda y convocan a todo el gaterío que los frecuenta para organizar fiestas en la terraza, que se prolongan hasta altas horas de la madrugada. Ver amanecer desde la terraza de Antonio es una maravilla y eso lo sabe todo Madrid. Pero pocos, muy pocos conocen esa terraza cuando se pone el sol y se encienden las velas que están desperdigadas por todas partes, eso solo es privilegio de Antonio y François. Juntos lo contemplan casi todos los días y disfrutan de ese espectáculo tan extraordinario… Cheek to cheeck.