
CELES GARCÍA MATA
Se puede decir que el sol y las estrellas han marcado toda mi vida con esta frase de Tagore:
“Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas”.
|
A media tarde, teniendo en cuenta que aún no es primavera, el sol calienta más de lo normal. El tractor remueve la tierra para la siembra y deja al descubierto una suculenta comida. Quince o veinte gaviotas se han dado cita en el banquete y vuelan tras la máquina sin descanso. Todas quieren ser la primera. Sin embargo, para ellas es más importante mantenerse en tan lúdico cortejo, que saciar su necesidad básica. Cuando una, sorprendida por algo, se entretiene, las otras la adelantan en el vuelo. Pierde su sitio y el resto lucha porque no lo recupere. Tan solo una gaviota se queda regazada, picoteando aquí y allá. No puja por ningún puesto en la carrera.
Al conductor, que actúa con sigilo, le complace la compañía. Ahoga sus estornudos para no espantarlas. En los terminales de los surcos hace el giro con tanta suavidad que la comitiva no nota el cambio de sentido, aunque las más audaces aprovechan para adelantar alguna posición.
De pronto, el tractor se dirige al borde de la parcela. Las gaviotas, desconcertadas ante lo que está pasando, esperan sin moverse. No saben que se trata del final de la ceremonia.
El sol se esconde, pero ellas continúan mirando al tractor sin mover un músculo.
La gaviota solitaria, entretenida en sus pensamientos, ignora el frustrado gesto de la bandada.
Al anochecer, el terreno sembrado parece un campo iluminado de puntos blancos que se mueven acompasados.
|