Isabel Paz

ISABEL PAZ
A ficionada a casi todo



Cuando por fin decidí abrir aquel paquete envuelto en un papel algo infantil y con un lazo enorme, me quedé un poco sorprendida al descubrir que en su interior había una cajita de música. Era más bien pequeña, de una madera oscura, y pintada a mano con diminutas florecillas de diversos colores. Al levantar la tapa una dulce y alegre música comenzó a sonar. No cabía duda de que aquella cajita de música era muy antigua y que había resistido muy bien el paso del tiempo.

Poco a poco, aquella caja se fue haciendo la pieza más fundamental de mi entorno. Levantaba la tapa para escuchar su música muy a menudo y a veces, me sorprendía a mi misma tarareando su melodía. Fue entonces cuando empecé a darle vueltas, a intentar imaginar quien había sido su anterior propietaria. Quería saberlo todo de ella, su nombre, la época en la que vivió, como llegó a sus manos…

Una tarde fui a una tienda de antigüedades. La única información que pudieron darme fue que esas cajitas de música se habían comercializado en los años veinte, década en la que se hicieron muy populares.

Nunca sabría nada de la historia de aquella mujer. Nos había tocado vivir épocas distintas, casi ochenta años de diferencia, pero nuestras vidas se entremezclaron en un punto del tiempo. Ella y yo teníamos algo en común.

Decidí cuidar con verdadero esmero la cajita de música para que cuando pasaran muchos años y otra mujer fuese su propietaria, al levantar la tapa y escuchar su melodía, entrelazara su vida con las anteriores.