Enrique Diosdado

ENRIQUE DIOSDADO
Realizador de televisión, escritor, guionista, cocinero y prejubilado feliz. Nacido en Buenos Aires a mediados del siglo XX



Si alguna vez has usado un péndulo de radiestesia sabrás que para moverlo sin que lo noten los que te observan, basta con un pequeño esfuerzo. No se sabe muy bien de qué músculo. Quizá alguno de la mano… o del brazo… o de la espalda…

Pues esto es parecido. Un esfuerzo imperceptible de algún músculo de las piernas… o de la espalda… o de los sesos… y ya está… tus pies despegan del suelo y flotas en el aire, libre de la fuerza de gravedad. Tan fácil resulta que a veces puedes pasarte y subir hasta el techo, pero enseguida aprendes la medida de los movimientos para seguir la ruta que deseas y sales controladamente al exterior.

Subes en espiral rodeando el centenario abeto del parque que, desde la altura, te ofrece los mil tonos del final del otoño. Desciendes en un suave picado y, con un vuelo rasante por el suelo de la chopera vas levantando las hojas caídas. A lo lejos ves un grupo de jovencitas que atraviesa el parque hacia el Instituto. Todas llevan capuchas, bufandas y guantes, forros polares o “anoraks”, pero dejan lucir sus esbeltas piernas entre las minifaldas del uniforme y los calcetines. Vienen hacia ti. Antes de que te vean, te elevas entre los árboles para no asustarlas. Oyes una campana y acudes a su llamada. Por el camino vas haciendo “slalom” entre las volutas de humo que suben de las chimeneas de las casas del pueblo. Llegas a la Iglesia. Te acercas al campanario y lo rodeas. Con el eco del último tañido subes en un tornillo veloz hasta las nubes para ver el valle desde allí. Lo único malo es que, al cabo de un tiempo, sobre todo si vuelas alto, se te quedan las manos y la nariz heladas y te ves obligado a descender.

Es lo que me acaba de pasar. Por eso he tenido que bajar. Por eso estoy aquí envuelto en periódicos. Aterido, retiro y doblo con mucho cuidado las cajas de cartón que me sirven de hogar. Me levanto con todos los músculos del cuerpo chillándome y me encamino hacia el Albergue a ver si me dan un poco de caldo para entrar en calor.