Stella Manaut

STELLA MANAUT
Larga trayectoria como escritora, sobre todo en el mundo del teatro, la narrativa y la poesía. Siete obras estrenadas, dos libros de teatro publicados; también un libro de poemas. Varios premios, tanto de teatro como de poesía. Actriz. Presidenta de la Asociación de Amigos del pintor Manaut, en Valencia.



         De nuevo se le aceleró el corazón más de lo normal: 98 pulsaciones por minuto. Realmente su vida carecía de sentido: abandonado por su mujer; separado de sus hijos; en paro.  Era tan vulnerable como lo había sido su madre. Los nervios a flor de piel. No podía seguir viviendo en tal estado. Mejor sería acabar con todo de una vez: suicidarse. ¿Suicidarse…? ¿Cómo?  Se paró a pensar. “Un tiro en la sien”. Sí, pero con qué… No estamos en Estados Unidos. “Cortarse las venas y dejarse desangrar, poco a poco, en el dulce remanso del agua tibia de la bañera”… Pero ¿en qué bañera?  En la pensión de mala muerte donde vivía tan sólo había una ducha repugnante. “Tragarse un frasco de barbitúricos ”…  ¿De dónde iba a sacar él los barbitúricos…?  ¿Y el viaducto?  Sí…el viaducto: asequible, gratis, limpio…  Iba a coger el autobús pero prefirió andar. Al fin y al cabo serían los últimos minutos de su vida… ¡120 pulsaciones! ¡Una emoción como nunca había sentido! 150 pulsaciones! No se suicida uno todos los días…¡  Trepó por las calles adyacentes hasta alcanzar la cima: ¡170!!!.  ¡Sorpresa! La barandilla estaba protegida por mamparas de cristal! “¡Dios mío, que difícil me lo pones!”. Intentó colarse por algún resquicio. Al fin, encontró el hueco entre dos columnas de piedra. Su delgado cuerpo podría muy bien colarse y alcanzar la ansiada barandilla para… ¡190 pulsaciones!
Cayó sobre el duro granito antes de conseguir su propósito. Un infarto. La gente se arremolinó a su alrededor. Un teléfono móvil llamó al 012. Un hombre le practicó el boca a boca; otro, un masaje cardiaco. Nada. Llegó la ambulancia. Hicieron lo posible por reanimarle. Nada. Le conectaron a un aparato. Nada. Llegaron al hospital. Quirófano, médicos, más aparatos… Al fin reaccionó: 40, 50, 60, 70, 80, 90, 100, 110, 120, 130, 140, 150, 160, 170, 190!! pulsaciones. Relajante en vena: 190, 170, 160, 150, 140, 130,120, 110, 100, 90, 80… Estabilizado.

         Despertó en una habitación aséptica: unidad de Cuidados Intensivos. Tenía cables por todos lados. Suero. Una goma por la tráquea que le llenaba de oxígeno los pulmones. ¿Estaré muerto? Se acercó una enfermera. Le tomó el pulso: 65 pulsaciones. Salvado por los pelos. ¡Completamente estabilizado, oxigenado, alimentado! Al poco rato le quitaron todos los tubos y le subieron a una habitación. El cardiólogo le pronóstico una rápida curación. Su vecino de la cama contigua le felicitó. La encargada del piso, le felicitó. La señorita que limpiaba las habitaciones, le felicitó….        ¡Qué difícil es morirse!!